EL NIÑO QUE ENCONTRÓ A SU DIOS

EL NIÑO QUE ENCONTRÓ A SU DIOS



Albrecht Dürer (1471-1528). Grabado de 26 x 35.3 cm. San Eustaquio, 1501

En la visión de Plácido, siempre persiguiendo y dando caza a las criaturas más bellas en sus formas, y en su esencia quizás. Persiguiendo, cazando esa belleza, esa perfección que él tanto ansiaba para sí, le habló Dios en su forma más ancestral, la más primigenia y más pura, la forma del ciervo en quien Cernunnos tanto amaba encarnar.
Sobre su cabeza la Luz que otorgaba a aquellos que le miraban de frente y reconocían a la divinidad que moraba en ellos.

Al quedar absorto por el cuadro,  pregunté y mi guía me susurró con esa dulzura del que sabe hablar cuando es el momento necesario para despertar las señales.


Plácido representa que en su tránsito te transfirió un tesoro muy valioso (que comprendería pasados los años cargados de todo tipo de pruebas): la renuncia de uno mismo. Cuando por fin bajas del caballo, que simboliza las pasiones, y te postras ante el majestuoso ciervo encristado sobre su cabeza, en su plena majestad, y en su propio territorio natural, que es la Natura, te muestra el camino que asciende hasta la cima, hasta lo más alto... al castillo maravilloso que representa la consecución de la Obra, el reconocimiento de uno mismo... te encuentras a tí mismo como resultado de reconocer la fuerza más poderosa de todo el universo.... Esa fuerza es el Amor.
La búsqueda ha terminado por la renuncia de uno mismo.

Recordé, de pronto que Plácido era el abuelo, dueño de nuestra casa hasta su traspaso. Qué feliz coincidencia poder recordarlo. Cuánto le debo por tan excelsa enseñanza, muda pero presente. Maestro callado en su momento, guardián por su presencia, generoso al entregarnos su palacio, su torre de marfil, mi refugio.




Hoy al regresar a casa, entré en el templo. Vi las puertas abiertas, siempre cerradas. Capté la invitación y entré, recordando mis muchas estancias en aquel lugar donde mamé espiritualidad ya que ayudaba en las celebraciones de los ritos.

De pronto recordé que en un altar lateral del templo se venera la reliquia del cráneo de San Plácido, lo único que se salvó de la última carnicería sangrienta entre hermanos.


Una confirmación tras otra, una señal tras otra...
Hay otras confirmaciones colaterales, pero ya tengo bastante de sorpresas maravillosas por hoy

JMMA

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